foto_obra_marta_blog

Rostros

Elipsis

1. La posibilidad de enfrentarnos a un objeto – el retrato- que insinúa y encierra el abismo insondable de un ser, la caravana lenta de inquietudes, deseo, sufrimiento, placeres, días, promesas, esperanzas vencidas, memoria, vértigo.

Explorar ese abismo que trasciende a la superficie del rostro representado en el lienzo y que al mismo tiempo sólo puede estar en el propio lienzo.

2. Al fondo del abismo, tiembla una luz brillante no más grande que un cascabel. El verdadero valor reside no tanto en una “verdad” velada, oscura, ominosa, sino en algo que surge y se impone de un modo nítido, visible, una cuestión que ya no está entreverada en las capas del lienzo, ni siquiera en su revés, sino que alcanza la superficie, alcanza al espectador por su cualidad especular. Su efecto es de una evidencia que no precisa justificación.

Será algo vibrante, radiante, oceánico. Algo que te alcanza. La poderosa presencia de un retrato se impone sin voluntad de imponerse.

En cierto modo no es sólo una cuestión visible.

Es táctil.

3. El espectador se enfrenta a un retrato, lo observa desde cierta distancia, está a salvo, se fija en la pincelada, en la frecuencia rítmica de la pincelada, en la gama cromática, la composición, el fondo, las texturas, intuye que “algo” pasa allí, algo que escapa y que está en movimiento perpetuo. Vuelve a estudiar el temblor de la pincelada y en un determinado momento, ve, siente ese temblor en su propia mirada.

El retrato exige que te liberes de tu posición como espectador, que te enfrentes a “eso”, a Él, al rostro retratado, no sólo a todo cuanto Él puede ser, ni siquiera a las huellas que puedes leer en ese rostro, sino a algo que tiene que ver contigo.

EL ROSTRO

4. Las palabras no alcanzan. No alcanza el dibujo, el color, la forma. Hay un punto que es preciso atravesar. Urge hacerlo. De nuevo, la inenarrable sensación de “capas”. Atravesar. Atravesar. Atravesar. Pienso: creo haber olvidado algo que nunca supe.

5. No sé qué hay en la cara de un hombre, en el rostro de un niño, en la mirada de una madre, de un anciano, de un príncipe, de un vagabundo, de un loco.

¿Qué es? ¿Cuándo? ¿Qué ha pasado?

Observo unos ojos, son solamente unos ojos, dos globos oculares recubiertos por la membrana de piel  finísima de los párpados que se abre y cierra, se abre y cierra.

Se abre.  Me mira.

Las palabras, dijo alguien, deberían ser actos, y he aquí de nuevo tanto la sensación de “capas” como la urgencia, el deseo, la sed, porque es sed.

La sed de atravesar y alcanzar un substrato de otra naturaleza.

¿Qué deberían ser los actos entonces?

6. El rostro es un templo, el corazón, el centro, el tabernáculo, la capilla y la pila bautismal en el interior de la capilla. Al mismo tiempo, el rostro es la promesa de una música suave en la ventana de la antesala, de la antesala, de la antesala del templo.

La parte y el todo, el círculo cuyo centro está en todas partes.

El abismo.7. Abordar el retrato con valentía, temblando y con valentía. ¿Puede el hombre ponerse en pie sobre algo que no sea el riesgo?

8. El retrato. Narrar un rostro. Retratos que fueron vidas.

Tal como yo lo entiendo, el retrato es la narración de un rostro. Asimismo, narrar es un modo de amar.

No se puede amar sin haber sido amado antes.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR