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Espacios

¿Qué encierra, a fin de cuentas el paisaje?

Un breve texto de John Berger.

“Está tumbado al sol en la hierba. Sobre ti hay un haya. Una ligera brisa mece las ramas más finas y agita las hojas. Desde lejos, este movimiento constante de las hojas parece nieve verde cayendo delante de la superficie verde del árbol, igual que en tiempos parecía caer nieve plateada delante de las pantallas grises de los cines.

Con los ojos semicerrados miras hacia arriba. Los tienes semicerrados porque estás mirando fijamente. Una rama se prolonga más que las otras. Es imposible contar las hojas que tiene. El cielo azul que ves a través y alrededor de estas hojas es como el papel blanco entre las letras y las palabras. Parece que su distribución contra el cielo no es arbitraria. Te preguntas de pronto si no será posible explicar su secuencia como uno puede explicar la secuencia de las letras y las palabras en un libro. Entonces descubres una imagen, que da dirección a tus confusos pensamientos. Para poder llegar a existir, te dices a ti mismo, todo debe traspasar el centro mismo de una diana. Todo

lo que no logra dar en el centro sencillamente no existe.

Así que vuelves a intentar comprender por qué esa rama representa la totalidad de la primavera. Las hojas del árbol se estremecen, tiemblan, y al verlas, sientes ese temblor en tu mirada.”

Resulta imposible hacer un resumen de la representación del paisaje a lo largo de la historia del arte, pero debéis saber que no fue hasta el SXVII que empezó a cobrar importancia. Hasta entonces, los pintores lo consideraban un género menor. Servía de fondo para algunas escenas. Tenemos el paisaje naturalista y salvaje, sublimado, también. Las tormentas, Durero, Elsheimer, donde no aparece la huella del hombre, donde la naturaleza se muestra con toda su violencia y nos remite a lo salvaje, al instinto, a lo irracional, al origen.Luego está la pintura flamenca. Brueghel, el viejo, donde aparece la presencia del hombre.

Tenemos también el paisaje italiano, el paisaje arqueológico de Caravaggio, los fondos naturalistas y poéticos de Giorgione, o de Tiziano, y lo que se denominó como paisaje clacisista: la ciudad de Roma en ruinas, con Claudio de Lorena y Nicolás Poussin como máximos exponentes.

Naturalmente cada época se ha asomado al tema del paisaje de un modo diferente.

Cézanne y sus estudios del monte Sainte Victoire. Pintó sucesivamente ese monte, estudiando la luz, modificando su pincelada, la frecuencia rítmica diferencial de su pincelada, el trazo de su línea aserrada. Os pongo este ejemplo, porque yo quiero pensar que lo que hacía Cézanne, no era otra cosa que una declaración de amor. Hay un lugar en el mundo, un determinado lugar, una montaña, un río, la vista de un valle, una calle concreta que ha estado presente a lo largo de nuestras vidas, ha contenido nuestros actos, nos ha contenido a nosotros y ha terminado siendo un lugar amado, un espacio sin el cual, nosotros no seríamos nosotros. Yo creo que la representación del paisaje es esto, y tal vez cada objeto, cada cosa que vayamos a dibujar contiene algo de nosotros mismos, una parte que yo imagino como algo que hemos olvidado, algo perdido, algo que duerme y espera, como un barco hundido en el fondo del mar, un desván, una habitación a oscuras llena de objetos, bicicletas, relojes, fotografías antiguas, tal vez, un espejo, que de repente se ilumina.

Que de repente, nos transforma.

Yo creo que el fin de cualquier obra artística es la transformación. Lo que algunos denominan con el nombre de experiencia artística, o la huella que deja en nosotros una epifanía, el haber asistido a una experiencia que altera el orden de lo que hasta entonces pensábamos, o el haber tocado, ( y digo tocado porque se parece a una sensación táctil) algo que nos transforma. Después de esto, nada será lo mismo, porque yo no soy el mismo.

Eso es lo que para mí debe provocar el arte.

Cada rincón está cargado de significado. La ciudad es un monstruo y su velocidad subyuga a los artistas de principios del SXX. Dadaístas, Futuristas…La verdad es que si lo pensamos bien, la ciudad está cargada de memoria. Cada uno de nosotros pasea por determinados lugares y esos lugares son rostros, son nombres, son actos. Luego están los muertos, la infinidad de capas y capas de significado que cubren cualquier calle, cualquier iglesia. Además, tal vez una diferencia importante en el tema del paisaje con respecto a otros es que tenemos la certeza de que va a sobrevivirnos.

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