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Tiempo // Memória

El problema del tiempo vinculado con el ideal de la infancia, es sin duda, una de las cuestiones a tratar en la construcción del ideal artístico de las distintas manifestaciones y tendencias que se dan en el período comprendido entre los años 1950 y  2000, pero en particular, resulta determinante en la construcción de parte de mi obra, sobre todo en los retratos.

Si el problema del tiempo, y resulta inevitable pensar en lo que dice Jorge Luís Borges, es pues, el de lo fugitivo, lo evanescente, la sucesión; si cada partícula de presente está formada por una partícula de futuro y otra de pasado, la memoria será la encargada de recobrar esa sustancia inasible y vertiginosa que está en movimiento perpetuo.

Escojo a  modo de ejemplo, tres citas de Balthus, extraídas de sus “memorias”,  porque el orden con que las dispone me parece sumamente interesante.

1.“…/…en el vuelo, transparente y flujo de mi falena, perseguida por la muchacha que quiere evitar que el insecto se queme en la lámpara de petróleo, lo que debe hacer la pintura es transcribir ese paso.”

2.“…/…también  ha sido constante esa búsqueda  ( de la verdad) en todos mis dibujos.  En las pinturas de mis niñas soñando, se trata de volver a encontrar, con la caricia del dibujo,  esa gracia de  la infancia que se esfuma  tan pronto  y de la que se guarda para siempre  el recuerdo inconsolable.”

3.“…/…lo que estaba en juego durante  las largas sesiones de las niñas  (las modelos)  eran  apuestas del alma, pues ante todo se trataba de que saliera  el alma, la dulzura del alma,  la inocencia  del espíritu, lo que todavía no  se había alcanzado, que venía del principio de tiempos y había que mantener a toda costa.”

Es interesante, y en mi opinión, revelador, el círculo que cierra Balthus en la narración de estas tres escenas sucesivas, donde, si bien se refiere a dos obras distintas, dispone primero un ejemplo de captura vertiginosa del presente, luego una búsqueda o inmersión en la infancia de sus modelos, para al fin resurgir de nuevo con el descubrimiento de otra captura vertiginosa de naturaleza mística.

Y todo ello, dice, en la búsqueda de la verdad.

La verdad que encierra la infancia forma parte íntima de su ideal, y su búsqueda, la de ese tiempo remoto y perdido, según Proust, no es sino la búsqueda de un tesoro.

Siguiendo la estructura narrativa de Balthus en sus tres citas, entiendo que debería alejarme ahora de él y creo oportuno volver a Jorge Luís Borges, para regresar finalmente a por ese tesoro de naturaleza mística del que nos está hablando Balthus.

1. En su conferencia dedicada al tiempo dictada para la universidad de Belgrano, Borges menciona a Henri Bergson, y dice que éste afirmaba que el tiempo es el problema capital de la metafísica.

Bergson ejerció una poderosa influencia sobre Marcel Proust, y, a mi modo de ver, Proust formula una suerte de solución a ese problema en la que podemos finalmente estar en posesión de ese tiempo perdido.

2. Al final de la conferencia dedicada al libro que dictó Borges para la universidad de Belgrano, hay una cita que a mí me gusta mucho:

“Si leemos un libro antiguo, es como si estuviéramos leyendo todo el tiempo que ha transcurrido desde el día en que fue escrito y nosotros”

Borges no solamente dice aquí que al leer un libro antiguo podamos asistir a ese tiempo,  sino que teniendo, como tenemos, conciencia del presente, esa lectura ilumina y descubre el tiempo que nos separa de ella. Nos está hablando de recobrar el tiempo. Nos está hablando, también, de Proust.

Sólo que a Borges le interesan más los libros que la infancia. Basta, sin embargo, atrevernos a escribir de nuevo su cita, a fin de objetivar el tiempo y de acercarnos a Proust y a Balthus, substituyendo la palabra “libro” por “recuerdo de infancia”.

De este modo leeremos: “Si asistimos a un recuerdo de infancia, es como si estuvieramos recobrando el tiempo que ha transcurrid desde el día en que sucedió y nosotros.”

Es entonces cuando se alcanza ese tesoro de naturaleza mística que menciona Balthus en su tercera cita. Y Proust lo expresa a la perfección en el capítulo III del volumen “ El tiempo recobrado” relacionándolo con el proceso artístico.

Pero no hablaremos de literatura.  Bastaría, solamente con mencionar que en la búsqueda del ideal de la infancia, tras esa inmersión mística, al otro lado de esa “apuesta del alma” que escribe Balthus, se esconde, además de una elegía de la belleza, una promesa de felicidad.

No pretendo captar el momento fugaz, sinó que mi obra, especialmente los retratos, gira alrededor de la ausencia y de la memoria. La representación de la infancia, desde mi mirada, tiene un lugar destacado y significativo . Ellos son testigos asombrados de este mundo de las horas y los días, tal vez de un tiempo perdido para siempre y que sin embargo, parece estar contenido, suspendido y presente como un retazo de eternidad.

Precisamente por ello, éstos, aún privados de elementos mágicos poseen la mágia del tiempo detenido. E intento enfrentarme, una vez más, al silencio, a la inmovilidad, a una pregunta, jamás a una respuesta, acerca de la condición humana..

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